viernes, 16 de junio de 2017

¡Qué buena idea! - Para la revista Gealittera.

Os dejo la revista Gealittera del mes de Junio. Ha quedado preciosa, viene llena de poesía y relatos. Deseo que os guste y la disfrutéis.
http://revistagealittera.blogspot.com.es/2017/06/gealittera-34-viaje.html


¡Qué buena idea!


Durante los últimos meses aparté dinero y lo escondí en mi caja de música. Al abrirla suena una canción y, como si agradeciera mi esfuerzo, una bailarina me alegra el corazón.
Cada mes me costaba un mayor esfuerzo, pero me sentía más cerca de ese viaje que me gustaría hacer. Deseaba visitar Florencia o bien el palacio de Versalles en París…
¡Imposible!
No alcanzaba. El dinero salía al mismo ritmo y de la misma forma que entraba en la caja. Me sentía agobiada y necesitaba salir de mi casa, viajar…Ni siquiera a través de la ventana podía apreciar el paisaje; allí permanecía la bruma junto al río que, armonioso, parecía susurrarme al oído mientras la humedad del ambiente rezumaba con generosidad.
Durante unos años sufrí en silencio, me consolaba viajar a través de la pantalla del televisor; sentada en mi sofá la envidia hacía mella en mí, me rechinaban los dientes, me mordía la uñas…Deseaba situarme en cada lugar con el que me sorprendía aquel programa de televisión. Viajé por todo el mundo, recorrí las costas de Italia y de Grecia; más tarde visité la Capadocia y Estambul en Turquía. Recorrí la selva negra en Baden-Wurtemberg, Alemania, y paseé por el parque Lazienkien, en Varsovia, escuchando un concierto de piano de Chopin. Crucé el puente de Londres, y visité su museo de ciencias naturales. Estuve en la Torre Eiffel de París, allí creí ver al aviador que pasó bajo la torre hace tantos años y paseé por el jardín de las Tullerías. Me fascinó Miami, Buenos Aires y Perito Moreno, la ciudad de Nueva York llena de edificios gigantes, de gente, de comercios y luces de neón…
Mis viajes virtuales no me satisfacían, al igual que en una película de amor, no podía saborear su tacto. Un día, de visita en el metro de Moscú casi me da un ataque de envidia, de agobio o una mezcla de ambos. Necesitaba tomar una medida urgente.
¡Ahorré todo cuanto pude! Intenté prescindir de la peluquería, de cenas con amigos, rebajé presupuestos…
¡Imposible!
Mi vida interior se enriquecía cada vez más como consecuencia de mi aburrimiento. Debería de vencer aquel estancamiento o entraría de lleno en una depresión. Me sentí ineficaz para llevar una economía doméstica, pues no era capaz de incrementar mi recaudación. Siempre aparecía un gasto extraordinario, si no era la rotura de un grifo, era la del automóvil.

Soñé con una pradera llena de billetes verdes, ese día descubrí que estaba obsesionada, era urgente en extremo tomar medidas.

Tomé una decisión, robaría. Lo haría de una forma inteligente, no quería acabar en la cárcel; desde allí no se puede viajar. Después de meditar sentada en el suelo, en mi posición de indio en las películas antiguas, se me ocurrió algo brillante.
¡Qué buena idea!
Me apeé de mis tacones y me enfundé unas zapatillas roídas; dejé de ducharme cada día, pues una vez por semana me daría mejor imagen y me bastaría…me presenté en «la cocina económica» allí dan de comer a los pobres; fuimos en manada, claro está, pero me ahorré un buen dinero cada día.
Además adelgazaría.
Un día, al atardecer, me encontré en una esquina suplicando: deme algo, deme algo…
¡Y me daban!
La gente me preguntaba por qué pedía, y yo gritaba: ¡ITALIA! ¡ITALIA!
Realmente deseaba con todas mis fuerzas llegar a Italia y poder regresar después a casa, claro está; como hablaba con acento italiano, me creían. Me sirvieron las clases de italiano que había tomado en aquella época de «vacas gordas», en la que había viajado; había podido permitírmelo.
La gente se paraba, les daba lástima y siempre tenían un dinero para mí, creían que pedía para regresar a mi casa.
Yo, inmutable.
Al final del día les doy algún dinero a mis compañeros mendigos, ellos lo necesitan para comer…Esa acción me hace sentir pletórica, me consuela pensar que al menos puedo sentirme bien de esta forma.

Sin embargo alguna vez pienso: «A ver si alguno de estos está pidiendo para irse de viaje….» Pudiera ser, mas «No deben pagar justos por pecadores»
Cierro los ojos y me veo ya en la Plaza de la Señoría observando al falso David de Miguel Ángel, o tal vez en la Galería de la Academia visitando al verdadero.

Cierto es que allí estaré, ¡hoy he comprado mi billete! mi caja de música suena más y más...

María Teresa Fandiño
15/06/2017
La Coruña, España
Derechos reservados
















Imagen de Florencia tomada de la red.

martes, 23 de mayo de 2017

Goethe y su ocios laborioso - Revista Gealitea


Os dejo el nuevo número de la revista "Gealittera" correspondiente al mes de Mayo. En ella encontraréis poesía y narrativa, os gustará. Este mes el tema se basó en : Leer.

Esta vez me sitúo al final, con mi relato "Goethe y su ocio laborioso"

Deseo que os guste.

María Teresa Fandiño
Derechos reservados.

viernes, 5 de mayo de 2017

Os presento una antología en la que he participado, una de las que más ilusión me han hecho.
Publicada por Editorial TRIRREMIS, es una de las más bonitas en las que he participado, por su contenido, su presentación y sus detalles; pero sobre todo por la unión que existe entre nosotros en el Territorio de Escritores: Juegos Literarios "Terri" es un grupo activo, divertido y unido, en el cual me siento a gusto entre buenos compañeros y juegos divertidos.
Un abrazo para las personas que lo han hecho realidad, Angeles Samarcanda Platas , Juan Izquierdo, muchas gracias por hacerme sentir esta ilusión de tener el libro en mis manos y por vuestro considerable esfuerzo; sé que ha sido realizado con mucho cariño.




Aromas al alba - Reto de territorio de escritores


18º RETO ANÓNIMO: EL JUEGO DE LAS PALABRAS
El Reto consiste en  construir un texto de temática libre en el que estén contenidas las QUINCE PALABRAS ELEGIDAS. 
En esta ocasión son: ACARICIAR, PLUMA, MARESÍA, TRANSITO, EXISTENCIALISMO, LENGUA, ESCALOFRÍO, FATUO, IMBORNAL, ALARIFE, PITANZA, ETERNIDAD, LONGEVIDAD, COJONES, PETRICOR.
La mecánica será igual para textos en verso, como en prosa. 

Título : Aromas al alba.

Esa mañana Elena se despertó temprano, algo la inquietaba.
Hacía unos años que no conseguía conciliar el alma con el corazón. El estudio del existencialismo, una corriente ya antigua, ratificaba sus pensamientos, la existencia prevalece ante todo: “lo único real soy yo, la fe se podría definir como la necesidad de encontrar serenidad de espíritu”
Preparaba un desayuno austero cuando entró Ángela.
—Te has despertado muy pronto, Elena. La marea debe de estar baja porque huele a berberechos.
—Es la maresía.
—Ayer olía a tierra mojada, hacía días que no llovía. Me encanta ese preticor.
—¿El qué?
—Ese aroma a tierra cuando llega la lluvia después de tantos días, Elena.
—Tus palabras suenan a escritor de pluma, Ángela. Me debato entre la fe y el existencialismo, intento llegar a un acuerdo conmigo misma; ni cuenta me doy de los olores de la mañana, salvo el de la mantequilla con la tostada.
—Escribo con teclado, en Word. No podría ni acariciar la pluma, llenaría la hoja de borrones. Ni puedo recitar poesía, como haces tú, la lengua se me traba.
—Hay mucho tránsito esta mañana, escalofríos me dan solo de pensar en subirme al coche, Ángela.
—Estás estresada; te llevo si no te retrasas porque no puedo llegar tarde, mi jefe está insoportable. Se me hace una eternidad la jornada de trabajo hasta que llega la pitanza, entonces parece que el día finalizó.Toca la sirena y aparecen los alarifes, que van hacia el vestuario. Ese es el mejor momento del día, ¡son tan guapos, Elena!
—¡Y muy jóvenes!
—No soy joven pero en mi familia hay mucha longevidad, creo que tendré tiempo. Aunque mi jefe me matará antes, es fatuo; su vanidad me ataca. Ha ordenado poner una rampa en el bordillo de la acera.
—Están los imbornales atascados con porquería y el ayuntamiento no los limpia.
—Sí, claro, pero ha puesto la rampa ante su entrada; los que entramos por la puerta de atrás…¡nos mojamos los pies cuando llueve mucho!, como ayer por ejemplo.
— Le echa cojones…
Entre tostada y tostada, unas sonrisas.

María Teresa Fandiño
Derechos reservados



jueves, 16 de febrero de 2017

Antología poética - Libros Mablaz -

V Antología poética
Libros Mablaz
Poesía libre.

"Cien años no es nada"
"Te sueño en mi mañana, esperanza"
"Me llevó un tifón"
"Suave melodía al despertar"
Derechos reservados
            María Teresa Fandiño Pérez          
Aquí podéis adquirir la antología :
http://librosmablaz.com/index.php?page=prod_desc&pid=99554








              
Presentada en Champanería y librería María Pandora, barrio de la latina, Madrid.
                                                                        
Plaza de Gabriel Miró, 1 - Las Vistillas Madrid 28005

miércoles, 15 de febrero de 2017

Una rosa azul - Revista Gealittera Febrero 2017


Una rosa azul.

Huele a rosas azules y bizcochos caseros; a su perfume, a sal del Océano Atlántico.
Huele a él.
Un día de sol me ofreció un beso, un abanico de canciones, la alegría en dos corazones y una sonrisa de amor. 
¡Qué frescura!
Me iluminó la esperanza de conseguir un sueño, me sorprendió una rosa azul y el tacto de su piel, me enamoró un poema para un niño… 
¡Qué armonía!
¡Qué ternura!
Ahora, pasa ante mi espejo una arruga 
¡Me incomoda esa arruga prematura!
¿Dónde está la niebla?
Emerge una tristeza solapada, un abanico de problemas, una lucha contra el tiempo encarnizada.  ¡Qué tortura!
Recuerdos en unas fotografías, miradas y caricias de mi niñez. Una vieja caja de galletas vacía exporta sonrisas, poemas y melancolía. Todavía perdura  mi abanico de canciones.
Está presente el recuerdo de un pasado cercano, donde habita el sentimiento y la nostalgia de la juventud; en un claro-oscuro de la infancia  anhelo ser niña, el paso del tiempo no cura el recuerdo.
¡No, no tiene cura!
Mas todavía habita, en los rincones más incógnitos de mi alma, el tacto de su piel entre la niebla.

María Teresa Fandiño
A Coruña, España 


jueves, 15 de diciembre de 2016

Publicado en la revista digital Gealittera - Nº 28 Tormentas


   


Un lugar al Este de España

Existen sucesos que pasan por nuestras vidas como lo hacen las nubes con el viento, tan rápido que parecen no haber sucedido; pero lo cierto es que ocurrieron. Y ahí están, un día paseando por nuestra zona de recuerdos los encontramos, los ojeamos y de cada vez nos parecen diferentes según nuestro estado de ánimo.
Encontré unas fotografías de hace tiempo guardadas en un cajón, vino a mí un recuerdo de adolescencia: las últimas vacaciones que pude hacer con mis padres. Habíamos llegado a un lugar de turismo dos días más tarde de lo previsto, todavía no tenía amigos y he de reconocer que, debido a los sucesos que acontecieron, catorce días después regresamos sin haberlos hecho. Ocupábamos la planta alta de una casa con terraza, las vistas eran amplias, los paisajes verdes, podían apreciarse toda clase de árboles en una zona de montaña preparada para el turismo. Mi dormitorio accedía a la terraza a través de dos puertas de cristal, desde allí se veía el cielo abierto, la luna y multitud de estrellas.
El lugar era relajante, inspiraba paz.
El día amaneció soleado, se preveía un día perfecto de playa; ni gota de aire, temperatura adecuada y silencio en la mañana.
Me sentí pletórica.
Bajé a la playa cruzando las vías del tren, era el único camino. Por aquel entonces me gustaba nadar, y eso hice durante toda la mañana. Subí a comer, pasé la tarde con una amiga, y conseguí aburrirme durante la cena en compañía de mi familia; tenía dieciséis años.
Me acosté pronto, estaba agotada y aburrida; comencé a leer y me quedé dormida. Me despertó de golpe el primer trueno con un estruendo, parecía que se había roto la tierra, la tormenta estaba encima.
Metí la cabeza bajo la sábana y aguardé.
Mi dormitorio, orientado al Este, se iluminaba todas las mañanas de la misma forma que lo hizo con aquel primer rayo. Me quedé inmóvil, aterrada, pensé que no serviría de nada que me escondiera en ninguna parte, los rayos caían delante de mí; aquel cielo abierto, donde cada noche admiraba las estrellas, se convirtió en un jolgorio de rayos.
Brillaban más que cualquier iluminación que pudiéramos imaginar.
Me puse en pie y miré de frente a la tormenta; segura de mi impotencia me serené y tomé la decisión de observarla mientras los demás descansaban en sus dormitorios con persianas.
Las palmeras del paseo se doblaban, los árboles parecían querer volar, un rayo cayó sobre uno de ellos y lo vi arder; con el viento se extendió el fuego, pensé que moriríamos quemados.

Fue entonces cuando comenzó a llover como si no lo hubiera hecho nunca, como jarros de agua, como una ducha gigante con chorros fuertes…El fuego desapareció, el agua arrastraba todo lo que encontraba en su camino, incluso piedras, y la planta baja de la casa se anegó.
Sonó una alarma, parecía que alguien acudía a rescatarnos.
Aquellas personas nos desalojaron, la orden era salir corriendo todo lo rápido que pudiéramos; dijeron que no podíamos llevar nada. Salí de allí como alma que lleva el diablo y corrí todo lo que pude sin perder de vista a mi familia, vi arrastrar todo tipo de cosas empujadas por el agua, ropa, zapatos, maletas, hamacas, sillas…
Todos nuestros objetos corrían río abajo, un río que se estaba formando entre las coquetas casas de turismo de aquella pequeña montaña, que ahora parecían querer hundirse sobre sí mismas.
Mientras corríamos continuaban sonando los truenos y cayendo rayos.
Pasamos la noche resguardados en un edificio, permanecimos en él acompañados de multitud de turistas y del personal que nos evacuó; ellos se protegieron junto con nosotros. Estábamos mojados y teníamos frío, la humedad calaba en la piel y en los huesos. Así pasaron cuatro o cinco horas, a oscuras, escuchando los truenos, el silbido del viento y la lluvia que sonaba como si dieran tremendos golpes en el techo.
De pronto llegó la calma. Amanecía.
Todavía recuerdo la cara de satisfacción de aquellas personas que nos habían ayudado, sonreían cuando nos dijeron que saliéramos, que todo se había acabado y podíamos regresar a casa.
Cuando crucé la puerta de salida observé sus caras relajadas, ya no eran las mismas miradas tensas de aquella noche. Pude sentir en sus rostros alegría y la satisfacción del deber cumplido.
Crucé aquella puerta y me encontré de lleno con la desolación, todo estaba destrozado, lo que no se había quemado se había inundado. Toda la furia del cielo había descargado contra aquel lugar.
Sin embargo, ante la vía del tren y rodeados de agua, sonreíamos ante una cámara de fotos esa mañana; una fotografía que ahora resulta entrañable.
Estábamos juntos.

María Teresa Fandiño
La Coruña, España
Derechos reservados.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Desequilibrada y suelta - Publicado en Territorio de escritores -



Desequilibrada y suelta

Desde que te fuiste de un portazo y con la bruja que te presenté en aquella cafetería, me sentí morir.
Nunca más pude dormir sola, ni acompañada…
Me compré un perro y un gato, después un acuario y lo llené de peces y plantas, también de adornos: un cofre, un submarinista, un coral…También un aparato de música y le subí el volumen al máximo; los vecinos, extrañados por mi comportamiento, llegaban protestando. Les invité a comer, a cenar, e incluso a desayunar a primeras horas de la madrugada; tal vez eran altas horas de la noche, no sé, la tristeza me confundía.
Mis vecinos se compadecieron de mí y algunos se quedaban a ver el partido en casa, poníamos pelis de llorar, me encanta llorar.
Un día regresaste y me dijiste que ella no era una mujer, sino un hada mala, muy mala y que te hacía sufrir; pero no la abandonaste.
Un día te fuiste de este mundo, o te echamos quizás. ¡Qué pena!
A veces me siento y medito, después escribo:
Nos encontrábamos en la librería, yo era asidua y las personas cercanas sabían que la frecuentaba. Era por eso que no llamábamos la atención cuando nos veíamos allí.
Su matrimonio resultó ser un fracaso, pretendí arrebatárselo a la bruja, aunque solo fuera por venganza. Sería un crimen bonito si consiguiera que él muriera en aquella librería antigua, esa de siempre, la que tanto nos gustaba a los dos.
Después la asesinaría a ella.
Buscábamos unos libros y nos sentábamos en el sofá. Él tenía la costumbre de llevar el dedo a la boca cuando pasaba las hojas, ideé regalarle uno pintado con veneno transparente, ocurre en las películas. Ese día murió, se durmió en el sofá y no despertó. Resultó que su mujer ponía veneno en sus platos y sus vasos...
En esa librería antigua se respira ambiente agradable, muchos pasan por ese sofá verde botella, que antes parecía verde esmeralda. Me trae bonitos recuerdos,¡cuántos placeres me dio!
Ella está en la cárcel, le enviaré lectura; siempre gusta, entretiene.
Me aseguraré de que reciba su ...ejemplar.

María Teresa Fandiño
25/11/2016
Derechos reservados.




Imagen obtenida de la red




martes, 15 de noviembre de 2016

Una máscara amiga

- Una máscara amiga - 
Relato publicado en Gealittera, revista digital.

Una máscara amiga

Resultan molestas las manifestaciones debido a los ruidos, los pitidos, las canciones…Sin embargo, la gente se detiene para observarlas, sirven de motivo de charla y las comentan al tiempo que pasan; incluso se unen a ellas.
Ese día los manifestantes se disfrazaron de personajes de cuentos y de payasos, acudieron a su peculiar acto con máscaras acordes a su vestimenta. Llegaron a la plaza en silencio, y aguardaron el anochecer. Vestían trajes de colores vivos y de lunares, resaltaban a su paso bajo las luces de las farolas como si fueran fantasmas; la plaza se iba llenando de ellos.
Aquella masa de gente empezó a murmurar algunos sonidos que al principio no se entendían, luego elevaron un poco el tono de voz; parecían lamentos, lloros, susurraban con espanto.
Los niños poco a poco, se alejaban.
Algunos lloraron en las calles porque los personajes de sus cuentos como Pinocho, Peter Pan, Cenicienta, Blanca Nieves…. se asemejaban a unas almas en pena; unos diez mil personajes avanzaban por todo el ancho de la carretera, a un mismo paso la masa se balanceaba.
Carecían de bandera y de marca.
No sé qué fue lo que me provocó más miedo, ¿qué digo miedo?, ¡terror!; tal vez fueron sus máscaras que protegían sus caras o tal vez el contraste con su llanto. ¡Esas caras cubiertas! ¡Esos sollozos que inspiraban terror! sus vestimentas ¡Esas sonrisas patéticas! Me pareció Inaudito que portaran muñecas descabezadas y juguetes rotos. Se intuía la maldad, no…¡los niños jamás se acercarían a ellos! ¡Qué miedo daban!
¿Qué tipo de personas podrían actuar así?
Se colocaron en círculos; de pronto, comenzaron a retirar las máscaras y
pude ver una cara de niña, la observé. La melena larga, rubia, humedecida por el sudor se pegaba a su frente. Pude apreciar su sonrisa complaciente, su bondad. Desplegó una pancarta, las letras eran muy grandes.
Descubrí bajo sus disfraces a muchos ancianos, niños, también hombres y mujeres jóvenes que sonreían al tiempo que desplegaban sus pancartas.
Todas comenzaban con la misma pregunta: “¿En quién confían los niños?”, cada una portaba su propia respuesta.
Ellos son seres angelicales, chispas de inocencia que cualquiera puede asustar. — o tal vez… embaucar... ¡Según la apariencia!
Escuché sus conversaciones.
—Me ha sabido mal. No volveré a participar en ningún experimento sociológico. Los niños se sienten defraudados.
—No era nuestra intención defraudar a los niños, sino hacerles ver que no pueden confiar en todas las personas; a veces lo hacen solamente porque llevan puesta una máscara amiga.

No todos los adultos amigos son buenos.

María Teresa Fandiño
La Coruña, España.
Derechos reservados.

En el siguiente enlace podéis leer poesía y relatos, entre ellos el mío "Una máscara amiga"


domingo, 13 de noviembre de 2016

Un fragmento de mi novela "Como globos de colores"
Está a la venta en
---Libros Mablaz              http://librosmablaz.com/index.php?page=prod_desc&pid=99242
---Amazon                         https://www.amazon.es/Como-globos-colores-Libros-Mablaz/dp/8494444778/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1479001054&sr=1-1&keywords=como+globos+de+colores
---Y en la casa del libro  http://www.casadellibro.com/buscador/busquedaLibros…

Asiento registral 03/2016/123

...hizo un gran esfuerzo y se incorporó en lacama; caminó despacio hacia la ducha como arrastrando
los pies y, mirándose de soslayo al espejo, se
sintió patética. Auguraba un día duro. Se colocó sus
cremas y el colirio en los ojos, rojos como fuego, que
denotaban la falta de descanso; las lentillas, con una
práctica ya de años; la melena ondulada, teñida de
suaves mechas rubias, con las que se veía más joven y
favorecida; el maquillaje a fondo, como intentando
disimular las ojeras oscuras, que contrastaban con su
tez blanca. Era reacia a vestirse de colores oscuros,
todavía hacía calor, así que, después de un par de
cafés y dos aspirinas, consiguió introducirse en un vestido
verde de seda; lo sintió ceñido, al punto de ahogarse
cual Escarlata O´Hara en Lo que el viento se llevó;
su cintura ya no era tan estrecha como había sido,
pero no estaba mal. Se subió a unos tacones de aguja
muy altos, sujetándose a la pared con una mano y la

María Teresa Fandiño | Como globos de colores
Derechos reservados
Registro de la propiedad intelectual 03/2016/123



otra en equilibrio; se pintó los labios de color coral; muy escotada, superó la estricta revisión ante su espejo, ese de toda la vida, el que siempre la insultaba por las mañanas antes de maquillarse; un espejo de metro y medio de alto, estrategicamente situado ante la puerta de salida, que, cada mañana la revisaba de arriba abajo.
Consiguió llegar al garaje con buen paso, y sentarse en el asiento del conductor sin haber tenido un solo percance con los tacones. La batalla estaba ganada.
Arrancó, volante en mano, y se encontró el sol de frente, sintió un golpe de luz en sus ojos, como si sufriera de resaca.
—Llega una edad en la que hay que dormir toda la noche Isa, se decía. A menudo mantenía conversaciones consigo misma dentro de su coche mientras acariciaba el volante; él era parte de ella misma, como si formara parte de su cuerpo. Siempre le había respondido, nunca se había averiado en la carretera.
La tarde anterior había ocurrido algo inesperado...




lunes, 7 de noviembre de 2016

Dos corazones en una vieja casa - Acantilados de papel

Os dejo un enlace a la revista de creación literaria del grupo de literatura extramuros,

en él podéis acceder a la revista "Acantilados de papel" y  leer mi último relato.

Una revista literaria que vale la pena. Deseo que os guste mi relato

Dos corazones en una vieja casa

http://acantiladosdepapel.blogspot.com.es/2016/11/dos-corazones-en-una-vieja-casa.html

                                                    Imagen obtenida de la red.


viernes, 28 de octubre de 2016

Hambrienta y poeta, la ladrona de ciruelas


EL JUEGO DE LAS PALABRAS

Hambrienta y poeta, la ladrona de ciruelas.

Todo empezó cuando se subió a aquel árbol.
Se sentó en una de sus ramas y comenzó a comer ciruelas sin medida y sin costumbre, dijo adiós a su régimen. Llegó el dueño del ciruelo, sacó un palo y comenzó a sacudir el árbol, no conseguía atizarle. Se cayó al suelo en una de estas movidas de rama, echó a correr y tropezó con un toro que venía de frente, la quiso embestir. Tenía fobia a los toros, seguramente por eso se los encontraba a menudo por aquellas tierras, lo cual siempre le producía una enorme conmoción.
Sin más dilación se subió a una valla, en aquel inhóspito lugar permaneció toda la noche sentada hasta que llegó la calma; el toro se cansó de aguardar por ella y se marchó.
Se fue cojeando, recapacitando acerca de tamaña estolidez.
La biblioteca, que abría en ese momento sus puertas, le dio confianza, refugio y asiento.
Escribió.
Fueron tantos y tan variados sus poemas que metidos en una coctelera salpicarían como serpentinas de colores el mágico espacio intelectual. Pudo soñar un mundo de colores con formas de animales mitológicos, consiguió olvidar miradas de ingratitud.
Sólo recordaba lo bueno. Un reloj obsoleto y un amor adolescente, pura química productora de importantes cantidades de endorfinas.
Llegó la cordura, espantó a las mariposas que revoloteaban por su cabeza como un tiovivo de feria.
Sus musas estaban inquietas.
Deseaba regresar pronto al huerto, sentarse en las ramas del árbol y de nuevo comer ciruelas; esta vez iría preparada con una gran bolsa. Deseaba que el dueño del ciruelo padeciera prosopagnosia y no pudiera reconocer de nuevo su cara en cuanto la viera.
Llevaría un par de amigos, unidad y compañerismo conseguirían llenar una bolsa entera.
Tal vez le dieran de palos pero ya no sería solamente por un par de ciruelas.



María Teresa Fandiño
27/10/2016



miércoles, 26 de octubre de 2016

Lágrimas de nostalgia

Lágrimas de nostalgia

Amor…en la distancia fuego
y en los sueños placer.

Hoy soñé contigo.
¿Qué soñaste?
Lo olvidé.
¿Lo olvidaste o era pecado?
Tal vez era pecado.

Apenas hay pecados.
¿Qué pasó con ellos?
Se convirtieron en cosas comunes.
Entonces ahora se puede amar en sueños.
Antes también.

Antes era pecado.
Y un placer.
En ellos puedo besar tus labios.
¿Un par de besos húmedos?
¿Cómo lo sabes?

No lo sé.
¿Lo adivinas?
Lo soñé.
¿Lo soñaste o lo soñé?
Lo soñamos, tal vez.

Te quiero en sueños.
¿Sólo en sueños?
Te quiero en mis sueños
Y yo en los míos también
¿Qué soñaste?

Te acaricié ¿Qué soñaste tú?
Sentí tus caricias al anochecer.

María Teresa Fandiño.
Derechos reservados.
La Coruña, España
15/10/2016


Pincha en el enlace y se abrirá la revista.
https://issuu.com/carmenmembrillaolea/docs/gealittera_26/1?e=12148429/39513643


sábado, 8 de octubre de 2016

Como un flash

Como un flash

Con un chasquido de dedos
desde mi alma dolida
me enfrento al olvido
y a tu partida.

Con un chasquido de dedos
me despido
de tu alma perversa
de tus besos
de tu indiferencia.

Con un chasquido de dedos
me llevó un tifón ¡Sorpresa!
Uno que solo a mí me quería,
lamió las llagas de mis heridas
mientras tú elegías princesa.

Con un chasquido de dedos
pido al tiempo el olvido,
a la esperanza una nueva etapa,
al sentimiento buenos recuerdos
y a ti, que me olvides.
María Teresa Fandiño.
30/09/2016


martes, 4 de octubre de 2016

Destino: Venganza

Destino: Venganza.

Él abrió la puerta con sumo cuidado y recorrió el apartamento despacio, en silencio, de puntillas y como a cámara lenta; llegó buscando venganza. Sin embargo, ella, que lo había intuido, escapó como chiscando los dedos; salió de la ducha y aun mojada, se colocó una camiseta larga color verde; olvidó recoger el bolso, las llaves, el móvil...Salió por la puerta de atrás, a esas horas todos dormirían; esperaba encontrar las escaleras pero encontró el vacío; brillaba el sol. Muy despacio y de puntillas, caminaba sobre las nubes vestida de color esperanza; su camiseta húmeda secó al instante, el sol abrasaba.
Allí permaneció sin comida y sin agua; ante el astro rey cayó deslizándose en el aire a cada movimiento, a cada intento de sujetarse con los brazos, poco a poco; ocurrió cuando comenzó a llover.
Gritaba socorro, entre tantolas palomas la observaban sin poder hacer nada.

Él la aguardaba en tierra indeciso, con cara de lástima pero satisfecho, merecían morir las madres que devoran a sus hijos; su venganza hubiera sido amarga.

María Teresa Fandiño
26/09/2016
Imagen obtenida de la red


sábado, 1 de octubre de 2016

El salero de mis abuelas



El salero de mis abuelas.

Recordé que Poseidón a veces deja sueltos a sus caballos, les temía; supuse que el dios no sufriría un ataque de ira ese día precisamente. Me decidí, no sin miedo, y salí a navegar; unas horas después, en medio del océano, el mar estaba tranquilo.

Imaginé la zona llena de corales. Observé el horizonte, quizás los caballos de sal estuvieran libres y cabalgando, mas no les vi; con mi traje de buceo me sumergí en el agua. Una vez estuviera en el fondo del mar, no me afectaría el tamaño de las olas. Poseidón podría soltar a todos sus caballos, los más grandes y hermosos sin que apenas se notara. Encontré corales que parecían de colores; una voz maestra me recordó que los corales son blancos, los efectos de las algas los cubren de hermosos colores. Buceé hasta que anocheció, descubrí secretos en el fondo del mar que fui recogiendo en una bolsa; un camafeo y una moneda de euro.
Subí mi pequeño tesoro al barco, guardé mi traje de buceo y me tiré de nuevo al mar; cabalgué sobre pequeños caballos que comenzaban a llegar, sólo querían jugar conmigo, nadé hasta que me agoté; sentí la libertad al anochecer junto a ellos.
La melena al viento, una noche clara, olor a salitre; ese olor a sal que tantos recuerdos me trae. Recuerdos tiernos de la infancia, de aquellos días en la playa cuando de niña, junto con mi abuela, recogía berberechos.Tras lavarlos en agua de mar, a escondidas de mi madre y con aquel gesto de complicidad, los comíamos crudos.
Mis abuelas…Sé que yo, sin pretenderlo, fui la sal en sus saleros. Ellas amortiguaban mi disciplina ¡ellas eran la sal de la vida!

María Teresa Fandiño
23/09/2016
Derechos reservados



viernes, 30 de septiembre de 2016

Cada uno de los participantes en la revista, ha expresado sus deseos.
El mío también existe. Es Gealittera una revista bonita e interesante.
Ahora mi deseo es que os guste.
https://issuu.com/carmenmembrillaolea/docs/gealittera_-25-_deseo/3?e=12148429/38771055



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lunes, 15 de agosto de 2016

Era astuto el caballero - Revista digital Gealittera -

Era astuto el caballero es uno de los relatos contenidos en el nº 24 de la revista Gealittera, correspondiente al mes de Agosto.
El tema en este número es la mentira.
Pinchad en este enlace para tener acceso a la lectura de la revista.

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lunes, 8 de agosto de 2016

Mi abuela lloraba a escondidas

Aquel día guardé el secreto
en casa me lo ordenaron
Me metí bajo la cama…rezaron
Muertita, muertita estaba de miedo.

Llegó la policía, en unos minutos
se llenó la casa de misterio.
Deambulaba por los pasillos con pasos diminutos
cuando vi la cara de mi abuela en el espejo.

Expresaba una profunda tristeza,
mucho miedo...Me miró con ternura.
Ella era una mujer triste y con entereza
aunque antaño había sido alegría pura.

Durante los pocos años de mi niñez
se volcó en los amigos y la familia.
Había perdido la esperanza y la fe,
mas nunca las halló a lo largo de su vida.

María Teresa Fandiño
09/08/2016
La Coruña, España.
Derechos reservados.
Imagen tomada de la red.






domingo, 24 de julio de 2016

Antología "Un día de fiesta y otros relatos" * Editorial "El fantasma de los sueños"

Tercer concurso de relatos. La antología "Un día de fiesta y otros relatos" contiene más de cien,de distintos autores entre los que se encuentra el mío "Y los gatos al pescado". 
Si os apetece comprarla, la tenéis en este enlace:
http://www.milibroenpapel.com/breve/214-concurso-de-relatos-en-papel-3-edicion.html

La portada es de Ramón Cerdá.




viernes, 15 de julio de 2016

Una noche de verano y una constelación.- Gealittera -

http://issuu.com/carmenmembrillaolea/docs/gealittera_23._magia/1?e=12148429/37113591

Una noche de verano y una constelación.

Me miraste con brillos en tus ojos
¡con destellos! y vi como fluías
surcando el cielo, ¡qué feliz reías!

En esta noche vi magia en tus rojos
y azulados espasmos, tus sonrojos
majestuosos y ¡cómo revivías!
Rodeada de amigas exhibías

vanidosa tu espejo, tus antojos.
¡Mi loca luminosa! con tu trono
de reina luces más que osa mayor
a la que eclipsas, mía te corono.

Eres reina, en la noche eres icono
de belleza, en el norte eres fulgor.
Por ti en las noches claras, me emociono.

Linda estrella, en tu trono
al compás de la magia eres el hada.
¡Casiopea!, mi dulce enamorada.

María Teresa Fandiño.
La Coruña, España.
Imagen obtenida de la red.


En la mitología griega, Andrómeda era la hija de Casiopea y Cefeo, el rey de Etiopía. Su madre estaba tan orgullosa de su belleza y de la de su hija que declaró que eran más hermosas que las Nereidas, lo cual enfureció a estas hijas del mar y se quejaron con el dios Poseidón. Éste amenazó con enviar una inundación y un monstruo marino llamado Cetus para destruir el reino por semejante ofensa.
Ante el temor de ver su pueblo destruido, los reyes consultaron al Oráculo de Amón, que les explicó que la única forma de salvar a su pueblo y calmar la ira de Poseidón era entregar en sacrificio a su hermosa hija Andrómeda al monstruo. Los reyes no tuvieron más opción que encadenar a Andrómeda a unas rocas para que Cetus acabara con su vida, pero prometieron que si alguien la salvaba, le darían su mano en matrimonio.
Desesperada y clamando piedad, los gritos de Andrómeda llegaron a los oídos de un jinete que sobrevolaba los cielos sobre su caballo alado. Este jinete era Perseo, que acababa de derrotar a Medusa cortándole la cabeza y montaba a su Pegaso. Al ver a la joven abatida y al monstruo marino acercándose a ella, voló velozmente hacia éste y le acercó la cabeza de Medusa para que se convirtiera en piedra, hundiéndose luego en el mar.
En cuanto desencadenó a Andrómeda, ambos se miraron a los ojos y se enamoraron. Sus padres, que habían prometido que su salvador podría casarse con ella, no cumplieron su palabra y Casiopea quiso acabar con la vida de Perseo, pero éste se defendió convirtiéndolos en piedra. Zeus colocó las imágenes de Cefeo y Casiopea en el cielo, y Poseidon castigó a la reina por su traición y por su arrogancia, colocándola sentada en su trono de tal forma que en algunas estaciones del año quedara boca abajo.
Perseo regresó a su isla para casarse con Andrómeda.
Luego, la diosa Atenea colocó sus imágenes juntas en el cielo, cerca de Casiopea y Cefeo, y del caballo alado Pegaso y del monstruo marino Cetus. Así nacieron sus respectivas constelaciones.

De: http://sobregrecia.com/2009/02/06/la-leyenda-de-andromeda/



lunes, 11 de julio de 2016

Bendita tecnología

Bendita tecnología

Vienen a mí las palabras
en forma de letras extrañas
¡como un aluvión!
lo mismo de Francia que de Portugal
incluso cruzando el mar.
Me sorprendo cuando leo
“hoy hace mucho sol”
Miro al cielo...¡observo que llueve!
me pregunto ¿en qué país estoy?
Si es verano, o es invierno
¡no sé en qué hemisferio!
En el mundo de internet
se confunde la estación.
En mi vida pensé que pudiera existir
un mundo tan diferente al que de niña, conocí.
Santas redes sociales
merecéis una oración
Casi todos  buscan
en vosotras la esperanza.
Todos encuentran una alabanza
una proeza, un amigo, una pasión,
¡tal cual la vida real!
Encontré en este medio
mis dos pasiones
la escritura,
a la que me entrego con dedicación
junto con amigos,compañeros 
de la imaginación del escritor,
llegados de mundos lejanos y cercanos.
En algún que otro rincón,
reencuentros con el pasado
¡milagros que me emocionaron!
La ilusión y la imaginación
viajan, vuelan en redes de fantasía
a través de la tecnología.

María Teresa Fandiño
02/07/2016
Derechos reservados


miércoles, 29 de junio de 2016

La paja en ojo ajeno

Relatos seleccionados en el "IV Concurso de relatos de Editorial Libros Mablaz"

Contiene tres relatos míos y varios más de mis compañeros de letras.


Fotografía obtenida de la red

jueves, 23 de junio de 2016

Te sueño en mi mañana, esperanza

Te sueño en mi mañana, esperanza.

Esperanza ¿eres gata o zorra?; esquivas
las preguntas sencillas. Los ancianos
y los niños...Serena entre las divas
¿qué discurso pondrás entre sus manos?

¿Qué futuro darás a las altivas
tierras, yermas ahora?, sangre, hermanos
destrozados cual almas fugitivas
charloteo, corralas de villanos.

Tengo estrellas que brillan en bolsillos
que tejí, escondidas en la lana
tiemblan para salir, cantan los grillos.

Esperanza te siento en mi mañana
así, en paz, las chiquillas y hombrecillos
en la escuela, cual libre soberana.

María Teresa Fandiño.
23/06/2016
Derechos reservados
Fotografía de Xulio Barreiro




martes, 21 de junio de 2016

Balas y villancicos en tierra de nadie

http://acantiladosdepapel.blogspot.com.es/2016/06/relatos-seleccionados-en-el-iii.html?spref=fb

He sido seleccionada por "Acantilados de papel" para compartir una antología.
Se trata del III Certamen Ángeles Palazón, de cuentos de Navidad. Me siento muy satisfecha, primero por participar en un certamen que se realiza en honor a una mujer, segundo porque me siento valorada, pues mi relato "Balas y villancicos en tierra de nadie" ha sido seleccionado junto con catorce relatos más, de los 198 que se presentaron.

Imagen obtenida de la red 
Mi relato "Balas y villancicos en tierra de nadie" está basado en esta historia que expongo a continuación. El relato será publicado por la editorial Trirremis en Navidad, pertenece a una antología de cuentos navideños. Esta "anécdota" que me parece preciosa, no solo ocurrió una vez en la historia.
https://es.zenit.org/articles/1914-cuando-los-soldados-enemigos-confraternizaron-por-navidad/
En la vigilia de Navidad de 1914, sin que nada hubiera sido concordado, los soldados del frente occidental, de las dos diversas alianzas cesan el fuego. Se encienden velas, se cantan himnos navideños. Los alemanes iniciaron con el Stille Nacht y los británicos respondieron con villancicos en inglés.
Comienzan a hacerse los saludos de Navidad de una trinchera a otra. Hasta que alguien sale al descubierto para encontrar al enemigo y apretarle la mano. Se intercambian pequeños regalos como whisky, cigarrillos, etc.
Un hecho histórico extraordinario, conocido como ‘La tregua de Navidad’ que nació entre los soldados ‘enemigos’ movidos por el sentimiento cristiano de humanidad y hermandad. Las fotos llegaron a los diarios de la época. El Daily Mirror escribe sobre la imagen: ‘Un grupo histórico, soldados británicos y alemanes fotografiados juntos’.
Por un lado se encontraba la Triple Alianza, integrada por las Potencias Centrales: el Imperio alemán y Austria-Hungría. Por otro lado se encontraba la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios durante la guerra que se prolongó hasta 1918. El Imperio otomano y Bulgaria se unieron a la Triple Alianza. Italia, Japón y Estados Unidos se unieron a la Triple Entente.
Más de 70 millones de militares, incluyendo 60 millones de europeos, se movilizaron y combatieron en un conflicto que dejó 9 millones de muertos.
“Mientras observaba el campo que aún dormía –narra una de las cartas de los soldados– mis ojos vieron un resplandor en la oscuridad. A aquella hora de la noche una luz en la trinchera enemiga era algo raro y pasé la voz. No había aún concluido que en la trinchera alemana se encendía una luz después de otra. Enseguida, cerca de nuestras posiciones, tan cerca que me hizo apretar fuerte el fusil, sentí una voz. No era posible confundir ese acento, con su timbre ronco. Abrí los oídos, y me quedé escuchando, y eh aquí que llegó a lo largo de nuestra línea un saludo nunca antes escuchado en esta guerra: ‘Soldado inglés ¡Feliz Navidad, feliz Navidad!’”
En la ‘tierra de nadie’ se realizó un entierro de los caídos las horas anteriores. Británicos y alemanes se reunieron recitaron juntos el salmo 23. El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce…
Estos hechos fueron asumidos con perplejidad por los mandos militares, al punto que en los años siguientes se tomaron medidas para evitar episodios de este tipo. Y no faltó quien calificó el hermoso hecho como una “despreciable fiesta pacifista”.

domingo, 19 de junio de 2016

Semillas al viento, un deseo. Publicado por la revista digital de territorio de escritores



Semillas al viento, un deseo

Recorrí la playa despacio, caminé con paso firme y la cabeza alta; me dirigí hacia las cuevas que el mar con su erosión, forma en las rocas.

En el interior de la cueva la brisa del mar llegaba limpia y fresca. Disfruté del agua cristalina y sus murmullos; podía ver los peces a través de ella. Imaginé la riqueza de los fondos marinos más lejanos, donde ya es imposible llegar nadando. Allá, a lo lejos, vi una pequeña embarcación, ¡me pareció envidiable!; la observé durante horas con mis prismáticos. Sin embargo, al poco tiempo me percaté de que no era un barco de recreo, sino de pesca; los pescadores se peleaban; gritaban y sus gestos eran agresivos.
Entre todos consiguieron reducir y atar a un hombre enfurecido, después de un forcejeo.
A veces algunos de ellos enloquecen y sus compañeros los sujetan para que no hagan locuras. Lo había leído en algunas historias de sirenas, tal vez en algún cuento de Alejandro Dumas. Entonces imaginé.
Imaginé historias bonitas de amores de sirenas; dicen que ellas embrujan a los marineros con sus cantos y ellos, hechizados, guían sus embarcaciones hacia las rocas y allí, locos de pasión, las estrellan y desaparecen. Creí morir de miedo y salí de la playa mucho más rápido de lo que podría haber salido en cualquier otro momento.
Atemorizada las oí cantar desde mi dormitorio; durante toda la noche aquella sirena cantó como una diva. Me imaginaba los barcos zozobrando y a los marineros enloqueciendo. Me consolé pensando que tan solo eran imaginaciones mías surgidas de los cuentos que había leído, y me sentía patética, recordando el Quijote y su pelea con los molinos de viento. Sin embargo, aquel canto permaneció incrustado en mis oídos toda la noche.
Al alba corrí a la playa, imaginaba encontrarme los restos de un naufragio, maderas flotando abandonadas…incluso algún marinero muerto.
El sol lucía espectacular.
No vi en la playa nada malo y los delfines parecían felices esa mañana. Intenté relajarme y poder escuchar el susurro del agua en la orilla, sentir el tacto de la arena en mis pies al caminar. De pronto los delfines abandonaron sus juegos y escuché el silencio.
Permanecían mudas las gaviotas, el mar parecía triste.
Tropecé con ella. En brazos de Morfeo y cubierta su cola de agua, parecía exhausta, tal vez hubiera pasado la noche cantando para su marinero, mas él no pudo acudir. Dormía plácidamente, quizás reponía fuerzas para esa noche.
El mar la acariciaba, cálida y sonriente dormitaba la musa.
Comprendí que nada había entendido hasta entonces, que ningún hombre podría comprenderlo nunca.
Quizás sí una mujer…
Ella le amaba. ¡Le aguardaría cien años más! ¡Jamás cejaría en su empeño!
Tal vez yo pudiera aprender a cantar como ella.
Me alejé de allí y me acerqué a la arboleda que paralelamente acompaña al recorrido de la playa. El campo lucía floreado, recogí una flor de diente de león, soplé y pedí un deseo.
Tal vez se cumpliera…

María Teresa Fandiño
19/06/2016
Imagen obtenida de la red
Derechos reservados


jueves, 16 de junio de 2016

Huele a hogar


                                                                     Imagen obtenida de la red


HUELE A HOGAR

Las ventanas eran de madera vieja. Todavía no había llegado el frío del invierno, la brisa  entraba a través de una ventana entreabierta de mi cuarto, me agradaba; me abrigaba bien y me dormía. Soñaba...soñaba con un lugar lleno de mariposas, colores y aromas de primavera. De la primavera pasaba al invierno, olor a humedad;  al fin y al cabo en mis sueños y en mis cuartillas podía vivir en la estación del año que más me apeteciera. Me reconfortaba encontrarme entre sábanas y mantas gruesas por las noches y entre letras por las mañanas. Podía imaginar.
—Tal vez la realidad no sea más que pura invención —me decía a mí misma, en mi soledad.
—Tal vez  pudiera ser real aquello que escrito en hojas de papel, se deja leer —me respondía a mí misma.
En mis fantasías bien pudiera ser un mago, un hombre con poder, una mujer fatal o una astronauta recién llegada de un viaje espacial.
Viajaba mi imaginación en barca y a través de las letras.
Me gustaba retirarme al campo para escribir, allí mi barca no se hundía.
La casa tenía vida propia, no me asustaba  porque habiendo nacido en ella, la conocía bien. Sin embargo, a mis amigos les resultaba impactante. Estaba desvencijada, a veces parecía gemir; en sus lamentos olía a madera vieja. Se  podía intuir su pasado. Sus rincones, junto con sus pinturas, sus lámparas y sus relojes, contaban historias maravillosas de tiempos pasados.
Las musas no la abandonaban, se sentían a gusto allí.
En mi dormitorio podía concentrarme. Sobre mi escritorio siempre había flores silvestres que llenaban de fragancia el cuarto. A mi izquierda, a través de la vieja ventana de madera, entraban los primeros rayos de sol de la mañana; desde allí podía disfrutar de las vistas del río y de la naturaleza. Me asomaba a la ventana, escuchaba la melodía  que venía del río….Escribía.
Algunos me llamaban loca, otros me decían rara.
Pasaban las horas tan rápido en compañía de mis apuntes, que a veces me olvidaba de comer.
Mi familia estaba desperdigada, cada uno en su ciudad, en sus pisos y apartamentos modernos. Comprendía que mis abuelos se hubieran ido a la ciudad, a vivir en un piso confortable con ascensor y calefacción; sin embargo a mí me enamoraba la paz y el aroma de aquel lugar. Desde mi ventana veía a la gente pescar truchas y  en primavera todo se llenaba de flores, me alegraban, me inspiraban.
Desde mi ventana entre abierta, respiraba la frescura del agua del río. Los árboles en primavera se visten de colores, del tono de las flores y forman un arcoíris difícil de igualar en las pinturas. 
Acudía siempre que podía, disfrutaba de independencia y soledad excepto en Navidad, entonces era el momento de conceder una tregua. Todos llegaban a la casa con la misma intención, un intento de hacer paréntesis en sus vidas y pasar unos días inolvidables juntos. Lo hacían estresados, dejaban sus problemas por el camino junto al río. Los eucaliptos que seguían el cauce, daban olor a toda la zona a través del camino a casa. ¡Qué placer el aroma del campo! Sonreían.
—Niños, oler esto que en la ciudad no lo pillamos.
—¡Huele raro, mamá!
—¡Son los eucaliptos!.
Cuando llegamos a la casa, aroma a tomate en rama.
En el salón huele a leña ardiendo en la chimenea. Y en la cocina, al cocido de la abuela.

María Teresa Fandiño Pérez.

La Coruña, España.

https://issuu.com/carmenmembrillaolea/docs/gealittera_22/1?e=12148429%2F36374137


miércoles, 8 de junio de 2016

La profesora de música - Publicado por Acantilados de papel -

Publicado por http://acantiladosdepapel.blogspot.com.es/2016/06/la-profesora-de-musica.html

La profesora de música

Esa tarde visitamos el teatro, se trataba esta vez de un concierto que, sospechaba, sería aburridísimo; mi profesora nos llevaba a muchas de las pequeñas actuaciones musicales que se organizaban allí.
Siempre me aburría. A veces, incluso,  era inquietante el sonido de algún instrumento que parecía chillar, y se tornaba insufrible a lo largo de la actuación.  Entonces me impresionaba que la gente aplaudiera, era como si todos se pusieran de acuerdo. Esto solía  ocurrir, a veces acudía al concierto algún insigne profesor de música, si le veían aplaudir casi todos lo hacían.
Llegué a pensar que les pagaban para hacer de reclamo.
El resultado de estos pensamientos me pareció terrible.  Sabía que existían personas carentes de criterio, pero no que fueran tantas. Durante la actuación me distraía rebuscando entre los palcos y observando a las personas; tal actividad me resultaba placentera. 
No sé por qué extraña razón, me agradaba acompañarla.
Esa tarde, en concreto, me impresionó el concierto. Me pareció buenísimo y me sentí bien, porque además había conseguido evadirme de mis problemas. Era muy joven y estaba enamorada. Me mortificaba no poder  verle a menudo. Nadie se percataba de mi sufrimiento, todos creían que era cosa de niños.
Me sorprendí de aquella magnificencia.
El cantante, dirigiéndose al público, se despidió de los escenarios. Aquella había sido su última actuación y pretendió  dejar un buen recuerdo. La profesora de música comentaba, muy altiva camino de su casa, que había sido un hombre  sin afán de superación, un mediocre.
Llegamos pronto, ella vivía muy cerca del teatro, a veces me daba la impresión de que nos llevaba a los conciertos porque se sentía sola. Me llamaba la atención su salón, carecía de sensación de hogar y parecía una exposición al público. No había fotos ni recuerdos.  
No quise merendar aquel chocolate con churros. Entre dientes me dijo que yo era una jovencita muy terca. La mesa de mármol era de color negro y tenía dibujados unos angelitos blancos que parecían haber sido pintados en relieve.
Pasé la yema del  dedo por sus bordes, sin embargo no se apreciaban al tacto.
—Deja de jugar con los angelitos y tómate el chocolate, se enfriará. — Insistía.
—No me apetece, gracias.
A veces me sentía  invisible. Ni me veía, ni me escuchaba.
Hacía todo con mucha calma. Solía finalizar la tarde con alguna frase imperativa:
“Recordad, debéis practicar los ejercicios de voz, concentraros y  trabajar”.
Alguien llegó a la casa y abrió  la puerta con su propia llave. Nos despidió amable y fría.
Me extrañó.
— Niñas, podéis iros a casa. — Nos miró superficialmente.
Salimos de allí, no sin antes darle las gracias por su hospitalidad.
Una de las pequeñas dejó la puerta entreabierta, me volví para cerrarla y le oí; ese hombre  poseía una voz de barítono y un tono muy fuerte, parecía enfadado e intentaba imponerse. No entendí lo que decían, discutían. Ella hablaba muy bajo y de vez en cuando decía algunas palabras en otro idioma; el hombre parecía extranjero.
Entré de puntillas en la casa dejando abierta la puerta. Me quedé en el hall. Detrás de las vidrieras,  observé como levantaba el atizador de la chimenea  e intentaba golpearla. Ella consiguió zafarse y  salió corriendo de la habitación hacia la puerta; vi su cara de frente tras  el cristal, me miró como pidiendo socorro y vino hacia mí.
Su cara de súplica me impactó.
Me incliné hacia delante y deslicé mi pierna, contra la que él tropezó. Su frente dio de lleno contra el canto de la puerta y la fuerza del golpe le dejó inconsciente sobre un hilero de sangre, sus ojos permanecían  cerrados. Temblaba de miedo, entre las dos le movimos y salimos de allí corriendo. La profesora se encargó de llamar a la ambulancia y a la policía.
Cuando llegaron el cuerpo del hombre no estaba.
Solamente una mancha de sangre en la entrada. Nos miramos, sabíamos que regresaría.
La invité a pasar la noche en mi casa. Fuimos caminando despacio, el recorrido no era muy largo. Venus brillaba con todo su esplendor. De pronto dejé de ser invisible para sus ojos
Y comenzó a contarme una historia acerca de aquel hombre.
Ambos habían llegado de un país extranjero, ambos habían sido músicos, cantaban juntos, se enamoraron…Él perdió su voz debido a una enfermedad, comenzó a beber y a tratarla mal. Solamente regresaba para pedir dinero y se enfurecía constantemente.
Sentía pena por él,  ella todavía le quería.
No quise juzgarla, al fin y al cabo ¿quién era yo para juzgar a nadie?
—No te quiere —No dije más.
A la mañana siguiente,  el periódico estaba sobre la mesa junto al café. En primera página la fotografía de ese hombre en una cama de hospital, alguien le había encontrado caído en la calle y le había acercado a una clínica donde se recuperaba del  golpe.
Le di la vuelta al periódico, no quise que ella le viera. Lloraría.
— ¿Qué dice el periódico?, ¿algo interesante?
—No.
—Déjame ver.
Me sorprendió su reacción… Se quedó mirando la foto y exclamó, un alarido salió de su corazón:
— ¡Así te mueras!
— ¿El amor duele siempre?—pregunté inocentemente.
—No, querida, el amor no duele.
—A mí me duele.
Me observó mientras tomábamos una taza de café.
—El amor es felicidad, es confianza, pasión... Esto es otra cosa. Le eché la culpa al alcohol, a la mala suerte y a todo lo que se me  ocurrió. No son más que excusas que me pongo para no perderle, lo cierto es que estoy loca por él, pero  él no me quiere. A veces nos volvemos sordas, ciegas y mudas, hasta que un día nos ocurren estas cosas. Dime ¿por qué te duele?
—Porque está muy lejos…
—Está claro que por una cosa u otra todos sufrimos.
—Pero él me quiere.
Sonrió.

María Teresa Fandiño
A Coruña, España.
Junio 2016
Derechos reservados.
Imagen tomada de la red.